Durante mucho tiempo pensé que para avanzar y crecer en esta vida había que seguir. Seguir haciendo, seguir resolviendo, seguir cumpliendo y, sobre todo, seguir estando para todos. Creo que muchas mujeres aprendimos a vivir de esa manera. Aprendimos a ser fuertes, a poder con todo, a ocuparnos de nuestra familia, de nuestro trabajo, de nuestra casa, de nuestros hijos, de nuestros padres y de quienes queremos. Aprendimos a resolver incluso cuando estamos cansadas y a decir “está todo bien” cuando, en realidad, algo dentro nuestro necesita ser escuchado.
También aprendimos a postergarnos. Nos decimos que después vamos a descansar, que más adelante haremos eso que tanto deseamos, que cuando tengamos tiempo podremos dedicarnos a nosotras, que cuando los chicos crezcan, cuando termine este proyecto, cuando tengamos dinero o cuando finalmente todo se acomode llegará nuestro momento, así vamos esperando ese momento perfecto que, muchas veces, nunca llega. Porque la vida no siempre se acomoda como esperamos.
A veces las cosas cambian de repente. Una pérdida, una separación, una enfermedad, los hijos que crecen y ya no nos necesitan de la misma manera, un trabajo que termina, una etapa que se cierra, un sueño que queda pendiente o simplemente esa sensación difícil de explicar de despertarnos un día y preguntarnos cuándo dejamos de sentirnos protagonistas de nuestra propia vida.
A mí me pasó, la vida me golpeó más de una vez y tuve que aprender a detenerme; cuando finalmente pude hacerlo, aparecieron preguntas que durante mucho tiempo había mantenido en silencio. Preguntas que quizás no me había permitido hacer porque estaba demasiado ocupada intentando sostener todo lo demás. ¿Quién era? ¿Qué quería realmente? ¿Qué necesitaba? ¿Qué parte de mi vida estaba eligiendo y qué parte estaba viviendo simplemente porque era lo que se esperaba de mí?
No fueron preguntas fáciles de responder, tampoco creo que tengamos que encontrar rápidamente las respuestas. Hay preguntas que necesitan tiempo, silencio y honestidad. Hay respuestas que aparecen cuando dejamos de correr y nos damos la posibilidad de escucharnos. Porque parar no siempre es fácil y cuando frenamos, muchas veces aparece aquello que veníamos tapando con la velocidad. Aparece el cansancio que no quisimos reconocer, la tristeza que dejamos para después, los miedos, las dudas, los duelos, aquello que todavía duele y también esos deseos que fuimos dejando olvidados en algún lugar de nuestra historia.
Quizás por eso nos cuesta tanto detenernos. Porque mientras hacemos, resolvemos y seguimos adelante podemos mantener muchas cosas a cierta distancia. Pero cuando hacemos silencio, cuando dejamos el teléfono, cuando no tenemos una tarea urgente que cumplir, podemos encontrarnos con nosotras mismas y encontrarnos con nosotras mismas no siempre es cómodo, pero puede ser profundamente transformador.
Descubrí que una pausa no significa abandonar la vida, dejar de cumplir responsabilidades o desentendernos de quienes amamos. Tampoco significa tener una vida tranquila, sin problemas o sin obligaciones. Una pausa puede ser algo mucho más pequeño y, al mismo tiempo, mucho más profundo, un espacio en medio de todo lo que sucede para volver a estar presentes, para respirar antes de responder, reconocer cómo estamos, para preguntarnos qué necesitamos, para escribir aquello que todavía no podemos decir en voz alta, para escuchar un deseo que hace tiempo intenta hacerse lugar, para recordar que, aunque tengamos muchas responsabilidades y personas importantes a nuestro alrededor, nosotras somos parte fundamental de nuestra propia vida.
Cuando nos permitimos hacer una pausa, algo empieza a cambiar, nos escucharmos y cuando lo hacemos, podemos volver a elegir.
La vida en tiempos de pausa, no nació de querer enseñarle a nadie cómo vivir ni de tener todas las respuestas, nació de mi propia necesidad de encontrar otra manera de transitar la vida y del deseo de acompañar a otras mujeres que quizás estén atravesando momentos parecidos. Lo escribí pensando en mí, pero también pensando en vos y en tantas mujeres que alguna vez sentimos que necesitábamos parar y no sabíamos cómo hacerlo. Mujeres que sostienen, que acompañan, que cuidan, que trabajan, que emprenden, que crían, que atraviesan pérdidas y cambios, que muchas veces continúan aun cuando por dentro necesitan un espacio para respirar.
Quise que el libro pudiera ser justamente eso: un espacio.
Un lugar al que puedas volver cuando necesites bajar un poco el ruido y escuchar tu propia voz. Un libro para leer sin apuro, para dejar que algunas palabras te encuentren, para escribir, reflexionar, respirar y quizás descubrir algo que estaba dentro tuyo desde hace tiempo y que necesitaba simplemente un poco de silencio para aparecer.
No hace falta esperar a que todo esté bien para hacer una pausa, no hace falta tener una tarde libre, una vida ordenada o todas las respuestas. A veces podemos empezar con algo muy pequeño, unos minutos sin el teléfono, una caminata, una respiración profunda, una taza de té tomada sin apuro, unas páginas escritas o simplemente la decisión de preguntarnos, con verdadera honestidad, cómo estamos.
Tal vez la pausa no sea algo que hacemos cuando terminamos con todo lo demás. Tal vez necesitemos aprender a incluirla en nuestra vida antes de llegar al límite.
Porque la vida sigue sucediendo mientras esperamos ese momento perfecto y quizás no se trate de esperar a que todo se acomode para empezar a vivir de otra manera, sino de encontrar, aun en medio de lo que nos toca atravesar, pequeños espacios en los que podamos volver a nosotras.
La vida en tiempos de pausa nació de ese aprendizaje. De entender que detenerme no me hizo avanzar menos. Me permitió mirar hacia dónde estaba yendo y hoy, después de haber recorrido ese camino, quiero compartirlo con vos. Quizás estés atravesando un momento en el que necesitás detenerte. Quizás conozcas a alguien que lo esté necesitando. o quizás simplemente sientas que es tiempo de hacerte un poco más de lugar en tu propia vida.
Sea cual sea tu momento, ojalá encuentres en estas páginas un espacio para vos.
Porque entre todo lo que hacemos por los demás, también necesitamos recordarnos que nosotras merecemos estar en nuestra propia lista y para volver a encontrarnos, solo necesitamos hacer una pausa.
Con amor, Kari